sábado, 16 de mayo de 2009

Cáceres, la ciudad de las mil culturas.

Desde el Jueves 7 y hasta el Domingo 10 de Mayo, como todos los Mayos desde hace ¡18 años! ¡qué barbaridad!, se celebró el festival del Mundo de las Músicas, Artes y Bailes (WOMAD), y como no me he perdido ni uno en 18 años allí que me fuí, a perderme entre la multitud, venidos de todas partes del mundo.
Durante estos 4 días, Cáceres se convierte, se disfraza, se abre al mundo. Los hoteles están al 100%, y se vive en una comuna dónde las casas están llenas de familiares durmiendo en colchones en el suelo, se improvisan campings en los jardines del centro de la ciudad, ni un sitio dónde comer, todo abarrotado de gente, perros y piojos.
Cáceres vive un sueño lleno de música, 25 grupos repartidos en 3 escenarios en la parte antigua Patrimonio de la Humanidad desde el 1986.
Cáceres vive la cultura del mundo. Mediante talleres se enseña el folcklore, bailes típicos, comidas y la mente se abre a nuevos mundos, nosotros, que descubrimos y conquistamos.
Es increíble compartir momentos especiales con personas que no conoces, no hablan tu idioma, y que nunca volverás a ver; momentos como cuando, tras más de 24 horas en pie, una multitud permanece sentada en la Plaza de Santa Maria. Cada grupo tiene su rollo, su ambiente, sus timbales, panderetas, instrumentos, y sin saber cómo, los ritmos se van acompasando, los golpes individuales se van aunando, buscándose, transformando el ruido de la Plaza en una melodía, en una canción, en una sola voz, y la gente se levanta y baila siguiendo el ritmo. Los viandantes, más preocupados de no pisar pies o manos, quedan atónitos ante un espectáculo que cada año se repite, pero que siempre sorprende. A penas dura unos minutos, pero ese momento representa el espíritu del hombre amante de la variedad de razas y culturas, del respeto por los demás, de la sonrisa para pedir perdón por un empujón, y la sonrisa para contestar que no pasa nada.
Me fuí, sí, a perderme entre la multitud y convertirme un año más en participante, hasta que mis pies no pudieron más.
He vuelto a Málaga, al mundo real: cambiar mis vestidos, sandalias, camisetas hippies, y olor a humanidad para montarme en los tacones, pintarme el ojo, peinarme y recuperar mi vida. Pero la sonrisa me durará una semana más, al menos.
Si puedes, el año que viene no te lo puedes perder: “…Por Mayo era por Mayo, Cuando hace la caló…”

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