Si algo aprendí en la Biblioteca Pública de Cáceres y en la de Filosofía y Letras dónde “estudié” fue que, además de haber un montón de chicos guapos, también había un montón de libros, ¡mire usted qué cosas!...
Yo, más curiosa que buena estudiante, hallé una sección dedicada a los libros de heráldica, y me puse a enredar…quiero decir…¡bueno, sí, a enredar!, para qué negarlo.
Y es que entre mis compañeros de clase, quien no movía la pluma como un pavo real, la usaba como marcapáginas.
Ante estas perspectivas, me sobrevinieron unas fiebres quijotescas y me obsesioné por todo lo referente con mi apellido: Alvarado. Sin mucho rigor científico y mucho menos histórico, compré libros, fotocopié textos, me enterré entre miles de apuntes, referencias bibliográficas… vamos, que si yo llego a saber que esto se podía sacar de internet, ¡los cojones hago el pringao!, pero es que entonces, mis conocimientos del uso y posibilidades de internet eran los mismos que los de muchos hombres de mi generación sobre la lavadora. La diferencia es que muchos de ellos aún no saben dónde está el botón de encendido…
Total, que después de reunir, indagar, leer cientos y cientos de escritos sobre la procedencia de mi apellido, comencé a fantasear con la idea de que algún día podría publicar las aventuras de este antepasado cruel y mezquino: Pedro de Alvarado, del que no me enorgullezco, pero del que no se puede decir que mi familia no lleve sus genes, aunque el carácter lo habremos heredado de alguno de sus otros 7 hermanos.
Pues eso, ¡que después de tantas horas, va Pérez Reverte y no tiene otra cosa mejor que joderme el plan!. ¿Es que acaso no hay ningún Pérez con historia, o algún Reverte con leyenda?... ¡qué familia tan aburrida!. Acaba de publicar un relato sobre mi tatatataratío Pedro Alvarado.
Pedro de Alvarado ha pasado a la historia como un cabrón al que Cortés dejó al mando de la Méjico de 1520 y que organizó la matanza del Templo Mayor en Tenochtitlan. Aunque siendo “Alvarado” y antepasado mío, confieso que no estoy segura de que tuviese la intención de liar la que lió, y es que según los testimonios aztecas recogidos por Fray Bernardino de Sahagún:
“Al momento todos [los españoles] acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren. A algunos les acometieron por detrás; inmediatamente cayeron por tierra dispersas sus entrañas. A otros les desgarraron la cabeza: les rebanaron la cabeza, enteramente hecha trizas quedó su cabeza.
Pero a otros les dieron tajos en los hombros: hechos grietas, desgarrados quedaron sus cuerpos. A aquéllos hieren en los muslos, a éstos en las pantorrillas, a los de más allá en pleno abdomen. Todas las entrañas cayeron por tierra Y había algunos que aún en vano corrían: iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos. Anhelosos de ponerse en salvo, no hallaban a donde dirigirse.”
Claro, según los aztecas… pero tras este hecho nadie puede quitarle el sanbenito de que aquello fuera el detonante de la “Noche Triste”, dónde los españoles tuvieron que salir de Tenochtitlan por patas y a salto de pértiga (otra leyenda de la familia)…
Sin embargo, según Bernal Díaz (cronista de la época), Pedro de Alvarado “tenía buen cuerpo y era muy activo, de buenos modos y trato y siempre estaba sonriendo. Era gran jinete, gustaba de vestir bien; usaba una cadena pequeña con una joya y usaba un anillo con un buen diamante. Pero hablaba demasiado y era muy tramposo en los juegos”.
Ésto es más Alvarado, ¿veis?, de buen carácter, sonriente, gustos caros, hablar demasiado, tramposillo…y muy guapo: Alto, espigado, rubio como el trigo y con grandes ojos azules, claros como la mar. Cuando le vieron los indígenas, le apodaron Tonatiuh, (el Sol)…
Aún no me he leído el libro de Arturo “Ojos Azules”, lo confieso, hoy se lo hemos regalado a mi padre por su cumpleaños (Felicidades, papá, cuando te lo termines me lo pido).
Ya os contaré si la imaginación de Reverte es más interesante que los testimonios aztecas recogidos por Fray Bernardino de Sahún (“Iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos…”).
Impresionante, ¿eh?. Pues ésta fue sólo una de las muchas cabronadas que organizó en las Indias.
Y pensar que mi hijo ha heredado esos ojos azules…
domingo, 3 de mayo de 2009
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