Cada día pasaba por delante del anticuario. Se había convertido en una obsesión. Esa casita de muñecas, desvencijada y sucia, tenía algo que la atraía profundamente.
A la vuelta de sus clases en la Escuela de Artes y Oficios, su marido la besó.-¿Sabes? Me han dado otro premio.-Lo sé y por eso tengo una sorpresa para ti... -Suavemente le tapó los ojos, la abrazó por detrás y la llevó entre risas hasta el salón principal-.
-¿Qué hay debajo de la sábana? -agarró una esquina y fue descubriendo poco a poco-. La cara de Voria se llenó de luz: la madera estaba ennegrecida, le faltaba parte del tejado, puertas y ventanas, alguna pared, apenas le quedaba mobiliario... pero era preciosa. ¡Una casita de muñecas!, nunca estuvo interesada siendo niña y, sin embargo, algo le atraía de esa casa. ¡Su casa de muñecas!
Saltó a los brazos de su marido efusivamente, perdiendo la compostura de señora educada en la mitad del siglo y criada en el seno de una familia acomodada. Pero con él podía mostrarse natural, impulsiva y entusiasmada; eso era lo que adoraba de ella.
En cuanto pudo, se puso manos a la obra. Voria trabajó con ilusión en recuperar el aspecto original de la casa. Se informó históricamente y con manos de artesana y artista la casita empezó a brillar. No entendía qué era ese magnetismo que la llevaba a no desfallecer, a pesar de ser un trabajo de miniaturista, lleno de detalles y paciencia.
A punto de colocar una ventana, el pulso le temblaba. No era fácil. Necesitaba silencio...
La doncella la sobresaltó.
-Señora, sus padres ya están aquí.
-Diles que pasen. -Recuperando el aliento y el ritmo acompasado del corazón, acertó con la ventana. Comprobó que cerraba y abría sin dificultad. Se limpió las manos con un trapo, desabrochó el delantal, se mesó los cabellos y sacudió sus ropas...-.
-¿Mamá, estás bien?. En el umbral de la puerta su madre palideció. Parecía que había visto un fantasma, o eso creyó Victoria, que con temor miró alrededor y se sintió mareada, posiblemente por los disolventes y las pinturas.
-¿Voria, hija, de dónde has sacado esta casa?
-Me la regaló Arturo. La compró en el anticuario de la plaza... Mamá, ¿qué te pasa?, siéntate. Emilia, por favor, traiga agua.
Pasaron varios minutos, la miraba, abría las puertas, observaba con precisión cada detalle...no había duda:
-Esta casa perteneció a mi abuela, Voria... Me parece increíble -susurró-. La heredó mi madre y yo la dejé olvidada en una mudanza.
Ahora todo tenía sentido. Su obsesión, el magnetismo, la familiaridad con que la restauraba, colocando piezas en lugares precisos... ¿quizás 'alguien' la estaba guiando?
-Hija, ¡está preciosa! Casi igual que como la recuerdo.
Todo empezó más o menos así. Tras recuperar la casa de muñecas de su bisabuela, a Voria le regalaron otra, y luego otra... Algunas las compró y otras fueron donaciones. La historia de este Museo de Casas de Muñecas está llena de casualidades, de historias que ponen los pelos de punta. Enclavado en un edificio del barroco malagueño del siglo XVIII, el escenario le da más misterio a cada una, si cabe.
Al entrar se respira historia. Tiene un patio en excelentes condiciones y han conservado la estética de la época. La restauración es ejemplar y de buen gusto.
La exposición, como tal, es perfecta: Las cartelas, las vitrinas, la ambientación y ubicación que permite verlas en todas sus caras.
Estas casas son modelos exclusivos que imitan a escala pequeña las viviendas de la época en que se realizaron. Algunas de ellas conocidas, como ocurre en el caso de la mansión del Paseo de Sancha de 1896.
Se puede observar desde una casa mallorquina del año 1850 -la más antigua- a una casa alemana del 1970. Destaca una colección andaluza del siglo XIX.
Y es que la historia del hombre, desde la Prehistoria, ha permanecido unida a la miniaturización de objetos de carácter cotidiano: Ollas, objetos de tocador, utensilios de uso diario... Los arqueólogos e historiadores solemos catalogar estos objetos como de uso votivo, deidades del hogar, o para ser enterrados con ellos. En algunos momentos y civilizaciones antiguas sí hay constancia de que fueran además juguetes.
En el maravilloso Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, en su planta 1ª, podemos ver una colección de miniaturas que imitan piezas tanto cerámicas como metálicas y una representación de objetos de tocador formada por ungüentarios del siglo I d. C. y unos pequeños recipientes para guardar pinturas.
De momento, y hasta que surjan nuevos datos, es en los países del norte de Europa donde nacen las casas de muñecas. La primera se fecha en 1558, y fue un encargo del duque Albrecht V, de Baviera, para obsequiar a su hija.
Las inglesas hicieron su aparición a principios del siglo XVIII y las norteamericanas, a finales del mismo siglo. Es curioso que en nuestro entorno, el Mediterráneo, casi no exista constancia de su uso.
Lo que sí sabemos es que, al principio, las casas de muñecas no eran para los niños, o al menos, únicamente para su contemplación, pues se consideraban objetos caros y exclusivos. Las familias con posición regalaban una réplica de la casa paterna a las hijas cuando se casaban.
En el museo de Casa de Muñecas de Málaga también se pueden comprar mobiliario y detalles. Su web es muy visitada y venden a muchos países de Europa a través de ella.
La colección es impresionante, y aunque históricamente en el sur de Europa no haya habido tradición, Voria se ha hecho con excelentes ejemplos, únicos y bien restaurados por ella misma.
Tan entregada a este trabajo se encuentra, que la réplica del escenario del Teatro Cervantes, a escala 1:12, expuesto en la entrada del Teatro durante el festival de cine, es obra de Voria Harrás, aunque no lo hayan indicado con una cartela por ningún lado (bastante extraño por otra parte...¿Será que Voria, a pesar del inicial empeño de los políticos porque donase la colección, estuvo estrechamente vigilada cuando decidió abrir el museo por su cuenta?).
El coraje de Voria y el gran apoyo de su familia han permitido que Málaga sea la única ciudad de España que tiene un Museo de Casas de Muñecas (pero de las de verdad, no por fascículos). ¿No tienes curiosidad? http://www.museocm.com/
Cuando yo era pequeña, mi abuelo le construyó a mi hermana mayor una casa de muñecas. Con sus propias manos y la paciencia y precisión de un relojero, recortó y pegó el tapizado de las paredes, los azulejos de los baños, las lámparas, las cortinas...cada pieza era una muestra del amor y dedicación de un abuelo hacia su nieta.Con la edad, fuimos arrinconando los juguetes. Entre deberes, exámenes, salir con los amigos...La casita terminó en un desván, y de allí desapareció...
Me alegra que la historia de Voria tuviera otro final.
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