En los tiempos que corren, propongo a mi madre como ministra de Economía y Hacienda: ha estado treintaytantos años transformando un sólo sueldo en una fortuna mensual. ¿Crisis?, que le pregunten a ella, ¡que hasta teníamos vacaciones de 15 días para 6 personas!.
Adoro a mi madre. No voy a decir que sea la mejor madre del mundo, que lo es, sino que también es una gran mujer:
Merece el Premio Planeta por su extenso vocabulario de sinónimos para insultarte sin insultarte y la gran variedad de nuevas expresiones amenazantes que utiliza para echarte la bronca, tergiversar refranes, inventarse palabras…el diccionario de Mamá, Best seller. La Medalla al Trabajo y el Novel de Medicina, como poco.
La reclaman cada año en Cibeles por su arte para customizar ropa, y es que tiene mérito transformar un pantalón vaquero de mi hermano en una falda con chaleco y cinturón a juego, un bolso y el resto para paños de limpieza.
¡¡¡Reclamo al Estado un sueldo de ama de casa para mi madre, con los atrasos incluidos; Que los años que ha pasado trabajando como profesora, educadora social, juez y policía, enfermera, mediadora internacional de peleas a cuatro bandas, se reflejen en su vida laboral.!!!
La admiro, por haber sacado tiempo para perfeccionar sus estudios de Bellas Artes y Decoración. Cumplir su sueño de haber ejercido de decoradora con excelentes críticas y resultados. Haber convertido nuestra casa en la mejor sala de exposición para un artista.
Me he criado respirando arte, admirando sus obras. Me da mucha rabia entrar en una casa y verla decorada con cuadros del Ikea.
Por si todo ello no fuera suficiente, ha seguido ganándose el respeto de su familia y amogos convirtiéndose en un referente en su trabajo: la adoran los clientes, y a la competencia le corroe de envidia.
Pero, sobretodo, quien la envidia soy yo, porque no entiendo cómo multiplica el tiempo para tener la casa arreglada, la comida hecha, la ropa limpia y planchada, un aspecto envidiable y tratar a los clientes con una sonrisa tras 10 horas de trabajo agotador… y ahora está aprendiendo a manejar el ordenador…
No hay nada que no pueda hacer. Ésa es mi madre, ¿no os doy envidia?.
Gracias, mamá, por ser nuestra madre. Lo firmo en nombre de todos tus hijos.
Por lo que a nosotros nos toca, no hay día que nuestra madre no se merezca una caja llena de amor.
Que ¿qué le hemos comprado?...
Os voy a contar una historia, la historia del Día de la Madre:
Como casi todo, las primeras celebraciones del Día de la Madre, se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades. Y luego lo copian los romanos, le cambian el nombre y Santas Pascuas.
Tercer Mandamiento: Santificarás las fiestas. Los cristianos transforman estas celebraciones laicas en fiestas en honor a la Virgen María. Recordemos que en el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que se mantiene en la celebración del Día de la Madre en algunos países como Panamá. (Aquí apunto que si el día de Padre es el de San José, el de la Madre debería celebrarse el de la Inmaculada, ¿no?, o el 15 de agosto, pero creo que coincidían con alguna de las semanas fantásticas del Corte Inglés)
Pero la mejor historia es, sin duda, la de Ana Jarvis que en 1905, comenzó a enviar cartas a políticos, abogados y otras personas influyentes solicitando que se consagrara el Día de la Madre el segundo domingo de mayo. En 1912 logró que se creara la Asociación Internacional Día de la Madre con el objetivo de promover su iniciativa.
Finalmente, en 1914, el Congreso de Estados Unidos aprobó la fecha como el Día de la Madre y la declaró fiesta nacional.
Más tarde otros países se adhirieron a esta iniciativa (La “globalización”) y pronto Ana pudo ver que más de 40 países del mundo celebraban el Día de la Madre en fechas similares.
Sin embargo, la festividad comenzó a mercantilizarse, de manera tal que se desvirtuaba el origen de la celebración. Esto motivó a que Ana presentara una demanda, en 1923, para que se eliminara la fecha del calendario de festividades oficiales.
Ana luchó con insistencia contra la idea que ella misma había impulsado, perdiendo todo el apoyo de aquellos que la acompañaran inicialmente.
En un reportaje que le hicieron antes de su muerte Ana mencionó su arrepentimiento por haber impulsado el Día de la Madre pues ella jamás se imaginó que este día fuera utilizado más bien mercantilmente y no con el fin que ella había idealizado.
¡Qué contrariedad!.
domingo 3 de mayo de 2009
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