El 12 de enero de hace 2 años, un estadounidense virtuoso del violín, Joshua Bell, quien tres días antes había llenado el Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca, participó en un experimento ideado por el diario Washington Post : Armando con su Stradivarius de 2,5 millones de dólares, permaneció 45 minutos tocando en el metro de Washington. La gente pasaba frente a él sin dar muestras de interés. Algunos pasajeros le echaron monedas pero sólo una mujer, que había estado en su concierto, le reconoció.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/belleza/pasa/desapercibida/elpepucul/20070409elpepucul_1/Tes
Este experimento no pareció tener mucha valía, ya que en el metro uno anda concentrado en sus propios pensamientos.
En mi opinión, creo que no le hacemos mucho caso a aquello que se nos regala y sí aquello por lo que pagamos. Es decir, el mismo grupo que actúa gratis en los jardines de la Diputación o en el subsuelo de la Plaza de la Marina: en el MimMa, por ejemplo, no nos causa la misma admiración, que aquel que cobra 50 € la entrada en el Cervantes.
Parece evidente que el cobro de taquilla pasa por el reconocimiento del gran público, por la entrega de premios y la consagración como gran figura. Mi duda surge cuando un grupo sin tanta singularidad ni publicidad, me hace vibrar y disfrutar más aún. Es entonces cuando me pregunto si realmente lo que nos venden es lo mejor, si lo que compramos es lo que queremos o si queremos lo que compramos.
Esto es lo que yo llamo: “Dejarnos vender la moto”.
Desde el principio, casi: En el Renacimiento surgieron los mecenas, familias adineradas que elevaron a la categoría de Grandes Maestros intocables, a artistas y músicos de la época. Decorar palacios con las pinturas y esculturas de estos nuevos Genios, dio origen a lo que ahora entendemos como museos. La pregunta es…¿eran los mejores?.
Con los siglos, hemos descubierto que algunas obras que se creían de estos personajes, las hicieron sus discípulos o, como en el caso de Rodin, sus amantes, (Camile Claudel), ¿no resulta irónico?.
Para mí, este experimento es ejemplarizante y resulta un hecho contrastado. Decidan ustedes mismos por ustedes mismos, no compren cualquier moto.
No le pongan precio a la belleza; no se repriman en estallar con un aplauso si les parece hermosa la música de un artista callejero. El oído se educa, pero sobre gustos…
Recomendaciones:
-Para educar el oído: Cuentacuentos musicales y taller Wii Music. Sábados y domingos (12:00 y 18:00 h.).
Experiencia para toda la familia donde los más pequeños podrán disfrutar de un cuento musical sábados y domingos por la mañana, a las 12:00h. Cada semana una nueva historia les envolverá y les permitirá tocar instrumentos musicales. A las 18:00h., se celebrará una sesión de Wii Music, donde pequeños y mayores tocarán infinidad de instrumentos musicales a través de esta videoconsola, dirigirán una orquesta o crearán melodías con campanas. Entrada gratuita hasta completar aforo. En el MimMa. www.musicanenaccion.com.
-Ver el video Stop and hear the music, subido a youtube por el Washington Post. En el 1:34min, aparece la mujer, al pararse ella, otros la imitan: http://www.youtube.com/watch?v=hnOPu0_YWhw
-Para gustos, colores.
Un saludo.
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